Aquí os dejo una reseña del libro de Ada Salas Gramática locura.
ADA SALAS, «Gramática locura», Ed. Pre-Textos, Valencia, 2026.
UNA PRÁCTICA
DE RIESGO
Y así entre aires “mallarmeanos”, vanguardistas, y postmodernos,
nos adentramos en Gramática locura, el reciente poemario de Ada Salas
(Cáceres, 1965). La poética de Salas ha sido habitualmente incardinada en la
llamada «Poesía del silencio». Sin embargo, considerando la extrema complejidad
de su voz, sería algo osado tratar de clasificar lo inclasificable, máxime
cuando se observa en profundidad el libro que se analiza, el cual supone un
giro radical de la praxis poética anterior, sobre todo la de los últimos
títulos.
Y aquí comienza el Kalahari. No hay verde, oasis o agua a
primera vista; el lector tendrá que aprender a encontrar esa agua con todo su
esfuerzo, con toda su alma, como se encuentran las cosas valiosas. Así pues,
marchamos en peregrinaje largo y accidentado por el flujo de la mente,
aventando el miedo, la muerte y la angustia de la autora, junto a la
imposibilidad del lenguaje, un lenguaje incapaz de hacerse cargo del dolor, del
sufrimiento extremo. “De lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”,
dice el lúcido Wittgenstein.
«y
no puedes /
hablar
pero dices /
mamá
y lo dices /
tres
veces… //
Yo
te digo /
mamámiramestoyaquí
pero nada /
nos
sirve y mi abuela no viene y mi madre /
no
está…»
Y
la gramática y sus sesgos inmiscuyéndose por todos lados:
«Mi
madre es un sufijo /
tendido
en un camastro /
-qué
clase de palabra puede ahora /
decirte-
El agua entra en su boca con una/
jeringuilla…»
Sí,
también inmiscuyéndose en la muerte, la cual, bien desde la incertidumbre o
bien desde su realidad insoslayable, parece marcar honda y largamente la letra.
«al
lado de mi madre se muere un esqueleto /
pero
no /
-aquí
lo adversativo cállate /
de
una vez / maldita /
conjunción
/
adversativa-
/
Aquello
que se muere que no vive /
tampoco
pero sigue /
gimiendo»
Pero
no es solo la gramática aludida en el título: es la escritura toda, su forma,
su voz, su estilo… lo que se constituye en coprotagonista del texto.
«La
poesía es lo libre hacemos /
ese
trato. Y aquí vienen /
los
peros quién dijo /
las
palabras son luz y la luz /
no
obedece las palabras /
…
Describir. Explicar. Pero ahora ay amiga /
apriétate
los machos»
Por
otro lado, no sería justo obviar otros poemas de tipo existencial, (…la
muerte / se equivoca // entrar no la vemos / salir no la vemos / entrar
nada salvo / la angustia.).
O
sobre el recuerdo (… una vez vi la Alhambra cuando era / pequeña igual que
cuando Clara // Yo nunca había visto // esa luz esa luz este amor ese asombro…
/ …No es / melancolía / “no se debe llorar lo que no pudo / ser”).
La
infancia (ayer brillaba Gredos. Me dolía / la piel y pensé / la belleza.
Detrás / del escenario / se escondía la infancia / -infancia esa palabra es
siempre / de los otros-).
La
naturaleza animal (excrementos de algún / animal. Huesecillos y plumas / y
dientes. La carne / ya se fue se excreta lo que sobra. // termina / ya de veras
/ no puedo / respirar).
La
mitología (… Ese torso / de Zeus el tiempo // Estelas. / “La que no supo
amarte / te amó” / -no se puede / leer pero leo tu nombre / o el mío / no sé-).
O
la metapoesía misma (frases hechas no quieres / pues te vas a tener que
aguantar / me sale pues te jodes eso sí / se va acercando un poco / bendición).
Respecto al aspecto formal, el libro se organiza en un conjunto de
47 poemas (sin título) breves y largos en un continuum sin apartados ni
secciones, donde el tema de la madre y la muerte los mantiene hilados, salvo
los ya citados (memoria, infancia, metapoesía, etc.), en los que no deja de
sobrevolar un rastro que los mantiene en la atmósfera común. Así, y con una
escritura a modo de diálogo interior, la estructura versal se compone de versos
de arte menor (los más) y de arte mayor (los menos) dispuestos aleatoriamente.
Son versos de gran condensación que inician in medias res, con
puntuación no convencional, espacios en blanco y entrecortados por pausas
versales, cesuras y encabalgamientos abruptos que cortan el ritmo y el
sentido. La sintaxis aparece rota, carente de fluidez y sin aparente lógica.
Todo ello da cuenta exacta del fluir del pensamiento —como a saltos—, así como
del estado de ansiedad, balbuceo e incluso de locura por el que atraviesa el
sujeto lírico.
«No
quiero que respires no lo dejes
respirar
no lo dejes
tengo
frío tú tienes calor
tu
bizcocho
de
nata
cada
día otro cuerpo
al
menos esta paz aunque luego ya todo.»
***
«a
dónde vamoh a ir
si no tenemoh a donde ir eso dice
María
dos mil tres mil veces la llaman
María
//
si
no tenemos a ir»
En cuanto al capítulo de recursos literarios, así como expresivos
y gramaticales varios, el abanico es amplio y complejo como el que más en un
libro escrito preeminentemente en primera persona, aunque no escasea el resto
de pronombres personales: (Digo tú porque en tú / podemos escupir… / …ese tú
es la muerte…). Igualmente, hay una profusión de posesivos que, junto a los
diminutivos, acentúan la emotividad e incluso el carácter confesional: (Mi
cerebro / con todos cada uno los minutos de tu boca boquita no poderla / cerrar);
y también visibles repeticiones: (…a lo mejor ve manchas. Una mancha //
mojándose seis veces tu cuerpito / abriéndose seis veces…). Por otro lado,
entre las figuras retóricas se lleva la palma la elipsis, en la que se omiten
interconectores, verbos o sujetos que se dan por sobreentendidos en el
contexto, aportando mayor ligereza y expresividad: (Qué hacéis aquí los
números si mi madre / no está / y nosotros / también / sin remisión / tampoco).
También hay metáforas puras (un hijo es una mancha / mi hermano es una
mancha), extrañamientos (… las estrellas / se mueven los planetas /
tampoco. El cielo), imágenes sugerentes (Qué aljibe / de sombra),
lenguas foráneas (une saison / en enfer) e intertextualidad, ya sea por
alusiones a personajes o mitos (Qué cosa tan extraña el cuerpo de Caesia al
borde de un camino) o por inclusión de fragmentos populares (aserrín /
aserrán / pasillito de sanjuán), y también personajes con los que la poeta
dialoga. Finalmente, cabe destacar la inclusión del habla coloquial, que, en
sintonía con autores como T. S. Eliot, Ezra Pound o William Carlos Williams
—partidarios del acercamiento de la poesía al habla de la calle—, busca dotar
de una mayor cercanía y espontaneidad a la escritura: (… con esa cesta qué
esperas /cosechar // estoy / hasta el culo de muerte).
Respecto a la tonalidad y temperatura de la lengua, observamos,
por lo general, unos textos de carácter intimista y emocional, alejados de toda
solemnidad, en los que predomina un léxico cortante y angustiado que se
manifiesta en el ritmo, las fracturas y los silencios del verso. Es un
vocabulario áspero y, a la vez tierno que produce un choque o un efecto de
constante tensión. Al lado de los citados diminutivos de carácter afectuoso (…
ese piecito // … se parece a un esófago), aparece un lenguaje descarnado y
algo expresionista, marcado de efectismo en ocasiones (… Abrazarte // yo
creo / que voy / a romperte pon mucho / cuidado los bracitos / saliendo / las
manitas / dobladas / las muñecas / quebradas) y, en otras, de altísima
temperatura, con expresiones fuertes y procaces de resonancias bukowskianas (…
un poco / de silencio que se calle esa tráquea / que se jodan el Bosco y toda
su caterva / si mi madre / me oyera…), (…un poco / de silencio compasión), (…
Compasión y una mierda fuck you j'en ai marre). En cualquier caso, la
intensidad, habla fehacientemente del sentir descontrolado de un sujeto poético
que no encuentra correlación entre la vida y su sentido.
En conclusión, en Gramática locura nos hallamos ante una
poética transgresora, desmitificadora y rayando a veces en la provocación. No
es una escritura al uso; es una poesía de alto voltaje y experimentación, donde
la autora hace una apuesta de riesgo —de sumo riesgo, diría yo— al adentrarse
por territorios aún poco transitados por la poesía. Este es el caso del devenir
del pensamiento o flujo de conciencia, donde la voz parece dialogar consigo
misma desde momentos de contención hasta momentos de descontrol extremo, en los
que hasta el propio idioma se hace insuficiente para expresarse. En definitiva,
es de admirar el coraje de Ada Salas para enfrentarse, con frescura y dominio
del lenguaje, a nuevos desafíos en este caminar de la lírica tan accidentado y
turbulento de nuestros días.
«Y ahora venga Homero atrévete con esto»
…
NOTA
BIOBIBLIOGRÁFICA
Marga Mayordomo. Poeta y escritora madrileña, licenciada en Antropología Americana. Pertenece a la asociación de mujeres poetas Genialogías y al proyecto Nosotras, Mujeres y Poetas. Premios recibidos: Joaquín Benito de Lucas, 2013, dos premios Zenda de Instagram (2020 y 2021), y Enrique Pleguezuelo de Córdoba, 2022. Poemas: Publicados en varias antologías, así como en diversas revistas literarias. Colaboraciones: Estudios y artículos sobre Emily Dickinson (Revista Almiar), Adrienne Rich (Vallejo & Co.), y Ezra Pound (Tam-Tam Press), y también reseñas a libros de Ocean Vuong. (Margen Cero), Marina Tapia. (Revista Almiar), Julieta Valero. (Mis Repoelas), y Rafael Escobar. (Revista Almiar). Poemarios publicados: Dedos de Martini-Dry (Premio Joaquín Benito de Lucas, 2013), Pájaros tattoo (Cuadernos del Laberinto, 2018), Yukón (Mahalta Ed., 2022), y Meridiano de Greenwich (Huerga y Fierro, 2026).